El hecho educativo como el origen de las sociedades

viernes , 24, enero 2020 Comentarios desactivados en El hecho educativo como el origen de las sociedades

Nuestro desarrollo depende directamente de nuestro contexto interno y de cómo vayamos percibiendo nuestro entorno a medida que crecemos. Es por ello que la infancia se toma como esa etapa de la vida que resulta fundamental para el posterior desarrollo de todas las personas. Sumado a ello, es importante también reconocer la herencia que se recibe, y el rol del ambiente en su evolución epigenética. 

Es decir, el desarrollo del niño funcionará conjuntamente con el ambiente como si ello se tratase de amarres de amor, es decir, las experiencias que el niño se encuentre viviendo, conjuntamente con su maduración irán de la mano desde que nacen con el fin de contribuir a su maduración neurobiológica, pero además a sus aprendizajes básicos referentes a todas sus dimensiones evolutivas, pero además, ello también podría colaborar en la activación o inhibición de de la programación genética inicial. 

De esta manera es cuando nos enfrentamos a posibilidades realmente insospechadas que deben ser aprovechadas al máximo durante estos primeros años de vida. Los primeros seis años que transcurren en la vida de un niño son los que adquieren una verdadera importancia, y todo está sujeto al cuidado que estos reciben, las experiencias que les son ofrecidas y si éstos las viven con una gran relevancia para su desarrollo y sus aprendizajes posteriores. De manera que, es imprescindible conocer tal proceso, analizar todas esta experiencias enriquecedoras y pensar en todos los programas y actividades que resultan de más beneficio para los niños que se encuentran en estas edades. 

Desarrollo y socialización 

Los estudios nos ha llevado a pensar durante un largo período, que el desarrollo sensoriomotor, cognitivo, comunicativo y afectivo, acompañado de una alimentación medianamente equilibrada y un buen estado de salud, eran los factores primordiales que debían orientar la educación de los niños. Ellos no escapa de la realidad, pero se encontraba al margen de una completa visión de la evolución de los niños. Más recientemente, la investigación neurocientífica, evolutiva y pedagógica ha hecho hincapié en que la creatividad y la educación artística, la música, la pintura, el teatro, el canto o el baile, son los encargados de conformarse como parte de los ejes fundamentales de un buen proyecto educativo.

Lo relevante quizás de ello, es que dichas actividades no se deben considerar como una serie de elementos separados del contexto de las acciones que los niños viven y realizan en su entorno familiar o escolar, pues estas expresiones artísticas se encuentran estrechamente relacionadas con la vida social, pero además favorecen la creación de vínculos afectivos y de confianza. 

Además, este tipo de actividades se encargan de facilitar la comunicación contribuyendo de manera significativa a conocer el mundo y también a reconstruirlo de acuerdo con los procesos simbólicos e imaginativos que el niño desarrolla en esta etapa del desarrollo. Son éstas la razones por la que los centros educativos han ido incorporando la educación artística en todas las etapas educativas, y se han enfocado en brindarle una especial relevancia en los primeros años de la infancia.